La figura de Juan Martín Roldán ‘El Baena’

Juan Martín Roldán 'El Baena'.

El pasado 1 de junio la Corporación municipal aprobaba, a propuesta de José Jiménez Aparicio, ‘Pepe Cazoli’, una plaza para un visueño con una dura historia tras él. En concreto, y próximamente, la plaza que hay frente al CEIP Alcalde León Ríos, en la calle Jiménez Muñoz, pasará a denominarse Plaza Juan Martín Roldán ‘El Baena”. Rescatamos para este rincón el artículo de Amigos de El Viso en la edición impresa de este medio. 

En dos ocasiones he tenido la oportunidad de bucear en la vida de este personaje visueño, que para muchos será un desconocido, para otros no tanto (en la revista del año pasado de ACAV por ejemplo le dedicaba a un artículo). Y ciertamente, hay pasajes desgarradores, donde podemos comprobar la miseria y grandeza del ser humano al mismo tiempo. Se conservan unas cartas entre él y su esposa, que son un auténtico tesoro para conocer parte de una época tan desgraciada y triste como fue la Guerra Civil española, y que constituyen una verdadera muestra de amor, sensibilidad, fortaleza, fidelidad, honradez y honestidad, e injusticia al mismo tiempo.

Pero recordemos, una vez más, quién fue este visueño, y el por qué de su mención y homenaje con una plaza en nuestra localidad. Juan nació el 10 de enero de 1903, casado con Rosario Falcón Figueroa; jornalero de profesión, fue un destacado líder y dirigente de la CNT en nuestro pueblo. Iniciada la guerra civil, y estando ya controlada la zona de Los Alcores y Sevilla por los nacionales y golpistas, no huye de la localidad, actuando en conciencia, pues nada tenía porque temer pues nada había hecho; parece que marchó unos días al campo, a un cortijo, donde posteriormente fue detenido.

Según la documentación que he manejado, ‘Baena’ era considerado una buena persona, que incluso medió ante los desmanes y atropellos contra personas de derechas de la localidad en esos primeros días, evitando así ataques y detenciones por grupos incontrolados.  Se desprende de las cartas mencionadas que, una vez es detenido, es llevado al Palacio de los Condes de Castellar, convertido en cárcel. Son varias las cartas en las que así se dice directamente, pues se relata como su único hijo hasta aquellos momentos, Julio, estaba deseando de ir a poder visitar a su padre. Su esposa, en esos difíciles y duros momentos, estaba embarazada de su segundo hijo, al cual él no conoció, y que se llamó Juan.

Posteriormente, ya en el mes de septiembre, pasó a la prisión provincial de Sevilla. Juan, en sus líneas, intentaba calmar a su familia explicándoles que se encontraba bien, algo que seguramente distaba de la realidad por las condiciones en las que se encontraban los presos en estos momentos en la prisión.  Juan tenía incluso intenciones de escribir al entonces cura en El Viso, don Primitivo Tarancón, con el objeto de que informase favorablemente sobre su persona a las autoridades militares para su liberación. Así aparece recogida en algunas de las misivas. Tuvo respuesta del párroco, pero de nada sirvió como veremos.

Desde mi punto de vista, las cartas más duras son las de la propia despedida de Juan, sabedor de su triste final, escritas a su mujer Rosario, una de las cuáles reproduzco fielmente:

“Querida Rosario, aquí te mando el último adiós, perdóname el mal que te haya hecho, me despido de ti queriéndote más que nunca, aumenta el cariño para nuestro hijo, puesto que le falta el mío, dile cuando sea mayor que yo lo quería mucho, que era mi única alegría, tu no te acongojes. Desecha todo lo que puedas para poder cuidar de nuestros hijos, que es a quien tú tienes que querer en el mundo. A mi hermana Antonia dile que te ayude, que Julito no lo olvide. A los demás hermanos míos y a mis padres dale a leer esta carta para que vean que yo también les dedico mis últimos recuerdos y les pido que me perdonen por el mal que yo les haya hecho, igual le digo a tus padres y hermanos que no te abandonen hasta que nuestro hijo pueda ayudarte, a tu María le dices que me voy con el sentimiento de no poderle dar siquiera la mano en señal de agradecimiento por lo bien que ha hecho por ti y por nuestro Julito, no lloréis al leer esta carta pues yo la escribo sereno sin temblar pero maldiciendo al mundo por no poder abrazar a todos ustedes. El mundo es así y hay que acatar el destino. Aquí quedan expuestos todos mis deseos”. Juan Martín Roldán.  

No sabemos realmente como murió Juan Martín en diciembre de 1936. Según se recoge en la obra del Colectivo Solano, su hijo Julio sospecha que sus restos pudiesen encontrarse en una fosa común del cementerio de Sevilla. Pero quizás, y según las fuentes orales consultadas en el momento de mi investigación para el libro ‘El Viso del Alcor: Memoria del siglo XX’, pudo haber desaparecido en lo que se conoció como ‘El Barco’, el carguero ‘Cabo Carvoeiro’, que fue utilizado como cárcel flotante desde agosto de 1936 hasta finales de este año o principios de 1937.  Sin más, y para finalizar, sirvan estas líneas no solo como homenaje al ‘Baena’ y sus familiares, sino a todas aquellas personas que de un modo u otro sufrieron durante la cruenta y vil Guerra civil española y la posterior dictadura.

Baldomero Alba Lara. Presidente de ACAV

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