La magnitud de la devoción de todo un pueblo a Santa María del Alcor

Paso de la Virgen por calle Rosario. Imagen: Jesús Martín.

Ha sido otro 12 de septiembre de los que deja huella. Como de costumbre, el pueblo de El Viso volvió a dar fe de la dimensión que ha adquirido la devoción a Santa María del Alcor en una de las procesiones más larga que se recuerda. Hasta seis horas estuvo la Virgen por las calles de la localidad. A las 20:30 horas, con los últimos rayos de sol en un día, eso sí, marcado por las fuertes rachas de viento, el templete plateado se ponía en la calle a los sones, un año más, de la banda de música Santa María del Alcor. La Virgen procesionaba por primera vez con el manto que diseñara y bordara Antonio Becerra, quien fuera Hermano Mayor de la hermandad. Un manto bordado en oro y sedas policromas con degradación de color para conseguir los volúmenes que presentan las distintas flores y hojas que componen el dibujo.

Tras el siempre esperado saludo al Convento del Corpus Christi, la comitiva se adentró en una calle Real que dejó uno de los grandes momentos de la noche: una hermosa alfombra de sal a ras de suelo con los colores de la bandera de El Viso y el anagrama de la Virgen. Fue una chicotá especial y en la que lentamente la Virgen fue cruzando el tapete que para la ocasión ha elaborado el grupo Orgullo de la Vega. Con anterioridad, el siempre esperado canto que cada 12 de septiembre ofrece el coro Aroma de Nardo y ese diálogo íntimo que se produce cada año entre la Virgen y los mayores de la residencia de San Pedro Nolasco.

Una vez la comitiva cruzó la céntrica Plaza de la Recovera y transitó entre una abarrotada calle Corredera, se sucedieron momentos que definen por sí mismo lo que es y lo que representa el 12 de septiembre. No hubo chicotá por calle Rosario sin que hubiera una petalada, un cante desde un balcón, fuegos artificiales y los ¡viva! de los cientos y cientos de cangrejeros que se agolparon ante el paso de la Virgen. Tras cruzar el arco de la Coronación, se procedió al saludo a la capilla del Rosario, con una revirá de 180 grados a sones de la marcha Pasan los Campanilleros. A partir de entonces, lluvia de pétalos, el ya habitual canto de Antonio Lebrón de Marchena y para rematar la jornada, el reencuentro de Santa María del Alcor con la cúpula del grupo 12 de septiembre, que ha vuelto a instalarse en la confluencia de las calles Rosario y Santa María del Alcor tras el convenio firmado con el Ayuntamiento, que se encarga de instalación y mantenimiento.

Ahí, como de costumbre, la Virgen volvió a revirar 180 grados para ya despedirse del pueblo antes de enfilar la calle que toma su nombre y regresar a la Iglesia Parroquial, donde entró a las 02:30 de la madrugada del ya viernes 13 de septiembre. Esta tarde, a las 18 horas, las cerca de 5.000 varas de nardos que exornaban el templete de la Virgen se ofrecerán a los difuntos en el cementerio municipal.