El cuadro de costumbres de la Sevilla ‘real’ convence a los lectores de ‘Al final’, la novela de Wenceslao Moreno

Un engaño, un desahucio y un banquero indignado dan realismo a la trama y esperanza a la sociedad

Una novela que parece una crónica, o una crónica que parece una novela. Así se muestra a sus lectores ‘Al final’, de Wenceslao Moreno, una historia en la que coinciden situaciones y personajes con las calles y plazas de la ciudad de Sevilla. No es la Sevilla turística, colorista y jaranera la que aquí se refleja, sino la Sevilla popular y trabajadora, la Sevilla real que pasa desapercibida a los ojos del que la mira sin verla.

En esta Sevilla, Paquita sobrevive con su familia en un corral de vecinos hasta que, ya mayor, engañan y la desahucian, lo que indigna a José, un simple empleado de banca que nunca se había metido en política. Sin embargo, este hecho le hace replantearse muchos aspectos de la vida.

Para el desarrollo de la trama, el autor no duda en dar protagonismo a esos lugares de la ciudad en los que se buscan soluciones alternativas (El Pumarejo, Corrala La Utopía…) y en los que José comenzará a plantearse cuestiones que antes eran impensables para él.

Con esta ambientación, Wenceslao Moreno consigue dibujar un cuadro de costumbres en el que se reflejan tristezas y alegrías, problemas y esperanzas, ilusiones y desengaños que pueden ser comunes a cualquiera de nosotros, pero que devienen únicos en su contexto.