El pasado martes 19 de diciembre, socios de Solano apunta en un comunicado que volvieron a fotografiar a operarios municipales rociando las aceras con herbicidas para destruir pequeñas hierbas, “una práctica antiecológica, a contramano de la sostenibilidad ambiental y de la salud pública”, se apunta. Solano recuerda que los estudios científicos vienen señalando que los venenos persistentes que contienen los herbicidas están presentes en lo que comemos, en el agua que bebemos y en nuestros cuerpos y que son la causa de diversas enfermedades.
Solano considera que existe una gran desproporción entre los fines perseguidos (eliminar unas pocas hierbas) y los medios que se emplean (un veneno). “Emplearlo en los arriates de las calles o en lozas con una pequeña hierba es tan disparatado como matar moscas a cañonazos”. En reiteradas ocasiones, el colectivo ecopacifista ha advertido al Ayuntamiento que el uso de herbicidas en ciudad supone someter a los trabajadores, a la población y al medio ambiente “a una contaminación innecesaria, que se convierte en un riesgo más para la salud de las personas y de la biodiversidad”.
Además, se informa desde Solano que dicho uso no se puede realizar incumpliendo la legalidad. En este sentido, el Real Decreto 1311/2012, de 14 de septiembre, establece el marco de actuación para conseguir un uso sostenible de los productos fitosanitarios y exige tener un asesor cualificado, registro de los productos, control de dosis usadas, equipos homologados, revisiones, aviso a la población de los tratamientos, etc. ¿Se está cumpliendo esto?, se pregunta Solano.
Para el colectivo visueño, “no hay ninguna razón de peso para seguir utilizando herbicidas en la vía pública, porque son prescindibles, porque hay alternativas más sanas y ecológicas y porque la obsesión por eliminar pequeñas hierbas es indicativo de un retorcido y desfasado concepto de lo verde, de la hierba”.
Por último, se le solicita al gobierno municipal que desista de la misma, que apueste por la prevención de la contaminación y por la protección de la salud; que practique una jardinería más respetuosa y coherente con los criterios y los principios ambientales de su cacareada Agenda Urbana 2030, “criterios que están para cumplirlos y no solo para disfrazarse con ellos y trincar subvenciones”.



