Voy a sacar del rincón del olvido a una mujer netamente visueña, trabajadora, busca vida, amable, sonriente y con visión de futuro. Empiezo contando un encuentro con ella, allá en el año 1966, cuando tomé posesión en la estafeta de correos de nuestro pueblo como funcionario en la categoría de Cartero Urbano.
Una mañana apareció en correos ‘la Rubita’ para retirar un paquete procedente de Almagro. Contenía encajes de bolillos. A ella no se le escapaba ningún detalle, antes de firmar su retirada me pidió que comprobara su peso, en los paquetes postales además del número de certificado aparece el peso del mismo. Los encajes de Almagro eran muy caros, el servicio de correos nunca le falló.Dejo para más adelante las anécdotas de este negocio y de otros.
Nació Dolores en nuestro pueblo el dos de julio de mil novecientos doce, en la casa número 37 de la calle Corredera, propiedad de su familia materna; hija de Tomás Moreno Morillo y de Rosario Jiménez García, sus abuelos paternos se llamaban Manuel Moreno Vergara y Dolores Morillo Flor y los maternos José Jiménez Huertas y Rosario García Velerma. Fue la última de cinco hermanos: Antonio, carpintero; Tomás, tratante de ganados; Rosario trabajaba en la posada; Ana se casó en Sevilla y tuvo un puesto de churros y ella mil oficios, mil iniciativas.
Sus padres adquirieron la posada sita en la calle Corredera, entre los números 9 al 13, allí toda la familia tenía que arrimar el hombro, su madre, su hermana Rosario y ella eran el alma del negocio. Pero pronto se enamoró de un vendedor de bisuterías e iban de feria en feria y de fiesta en fiesta, eso sí al final volvían a su pueblo.
De esta unión nace su único hijo, Antonio Barrera Moreno y a él se dedica por entero. Éste se hizo muy conocido en el ámbito futbolero, llego a ser un buen jugador, en ese mundo era conocido como ‘Zagalo’, en recuerdo de un buen jugador de la época brasileño.
De feria en feria ‘La Rubita’, siempre con su hijo y a veces con algún sobrino, vendía lo invendible.
En un pequeño artículo que escribió mi amiga Isabel Rueda Campillo en la Revista de la Santa Cruz que edita la Asociación Cultural amigos del Viso, dedicado a ella dijo entre otras cosas …. «Lo que más atraía al chiquillerío eran las sorpresas. Estas consistían en unos cartoncitos enrollados y envueltos en papeles de colores, que en su interior guardaban, sino algo de valor, desde luego algo que hacía mucha ilusión. Pero la sorpresa te la llevabas cuando a cambio de la peseta que tanto trabajo costaba conseguir te dada uno de aquellos envoltorios y comprobabas que en su interior sólo había un pendiente, uno solo ¡y de reclamar, nada ¡Tenía que conformarte con lo que te había tocado! Porque ella como la gitana del chiste, que le sacabas la edad antes que la peseta.”
En las fiestas de la Cruz y navidad, en la puerta de la posada o de su casa, ponía un puesto de pestiños, tortas y hasta pasas en aguardiente, con su delantal blanco como el nácar; eso sí limpia, limpia. Los productos eran elaborados por ella. Las parejas y los zangones, sus principales clientes.
Hablando de novios ‘la Rubita’ se dedicó como decía al principio a vender encajes de bolillos de Almagro; por aquellos años y hablo de los 60 las jóvenes casaderas elaboraban su ajuar para el casorio. Ella visitaba las casas donde podían y había jovencitas casaderas, a las que tenían novio para el ajuar y para las que no lo tenían, ella se conchababa con las madres, y como si de una adivina se tratara decía “que la que me compre encajes le garantizaba que pronto le saldría novio».
El año 1962 llegó a nuestro pueblo un sacerdote, Don Casimiro Calvo Zapata. Venía con espíritu conciliar y con ganas de llegar a todo el pueblo con ánimos de evangelizar, educando, enseñando y dando ejemplo de ser uno más en la comunidad. Puso en marcha un sistema de evangelizar de tratar de ayudar al prójimo (próximo) y en distintos barrios del pueblo organizó lo que él llamó Reuniones de Vecinos, ni que decir tiene que la posada era un lugar idóneo; allí se reunían vecinos, clientes de la posada y ‘La Rubita’ formaba parte importante de las reuniones. Su carácter abierto animaba a cantar, ayudar a vecinos con problemas y al final de cada reunión era la primera en repartir entre los asistentes copas de anís y bizcochos.
Producto de estas reuniones se editaba mensualmente una hoja informativa que se llamó ‘Reuniones de Vecinos’, donde se recogían los acontecimientos más importantes de cada barrio, existe una foto tomada en el patio de la posada, donde posan más de cien personas entre mayores jóvenes y niños, pero debido a su mala calidad es imposible publicarla. Su casa particular se encontraba en la acera frente a la posada, en el número 34. En ella su hijo instaló un taller de sastrería, pero en esa década llegaron tiempos nuevos, músicas, modas, cambios de costumbres; en 1967 dejó de existir la posada, sus dueños la vendieron y construyeron viviendas. Hoy en día se conservan las cuadras de la posada.
Dolores vende su casa y con su parte de la venta de la posada compró en Torreblanca un edificio donde instaló lo suyo, una pensión que hoy regenta su hijo y le puso el nombre de ‘Pensión La Rubita’ en la calle de Maharro 24 bajo. Allí, ella sigue igual, alma mater del negocio, hasta que un 9 de agosto de 1994 fallece en el hospital Virgen de Rocío a la edad de 80 años.
Muchas anécdotas y muchas curiosidades de ella se pueden contar, pero esto que escribo no sería un artículo para un periódico, sería una novela. Termino dando las gracias a su sobrino Tomás Moreno León, que me ha aclarado e informado de muchas cosas de su tía ‘La Rubita de la Posá’.
TEXTO: José María López Moreno


