Carlos Riaño Méndez

Carlos Riaño Méndez.

Decido este mes rescatar a un visueño que fue personaje esencial de la continuidad de la saga de los Riaños. Se trata de Carlos Riaños Méndez. Me dirijo a la Confitería Riaño en la calle Rosario y allí soy recibido por Rosarito Riaño y su sobrina Manolita. Recibido como hace más de dos siglos se recibían a los buenos clientes, en la trastienda y sentados en torno a la camilla. El tiempo se hace corto. Rosarito y Manolita me comentaron detalles interesantes. Me dicen que en el año 1940 la escasez de azúcar tuvo paralizada la elaboración de dulces. Así pues, me atrevo a dar vida a esta historia y la comienzo así:

A principios del siglo XIX hubo una repoblación de Andalucía de españoles venidos del Norte y Noroeste de la península. A nuestro pueblo también llegaron. Eran comerciantes. Los andaluces trabajaban casi todos en los campos. Un día aparece en nuestro pueblo un matrimonio santanderino compuesto por Pedro Riaño Pérez y Carlota Pérez del Hoyo. Traían de la mano a un niño: Manuel Riaño Pérez. Eran naturales de Barros de Vesclaus. Ese niño se hizo mayor y contrajo matrimonio con Carlota Méndez Sánchez, natural de Sevilla. Los padres de Carlota eran también sevillanos: Claudio Méndez Reina y María Salud Sánchez Sáenz.

Aquí empieza la historia del comercio más antiguo de nuestro pueblo y de Andalucía. Ha ido pasando de generación a generación desde 1875 hasta la fecha. Se trata de Confitería Riaño, concretando son ya seis generaciones las que han ido y siguen manteniendo el negocio. Empiezo la ascendencia por generaciones. Las noticias que tengo a través de Rosarito y de Manolita son que las recetas provienen de su tía abuela Salud Sánchez Sáenz, casada con Claudio Méndez Reina, abuelos de Manuel Riaño Pérez. El negocio se inició en la calle Real, número 4, frente al reloj del antiguo Ayuntamiento que por aquellas fechas estaba situado en la torre mirando a la calle Real, siendo esta la primera generación que se recuerda.

La segunda generación sucede a tía Salud, que falleció en nuestro pueblo el uno de enero de 1911 a la edad de ochenta y ocho años. Su hijo José Méndez Sánchez se casa con Rosario León Ferrero, nieta del famoso Montañés, y tuvieron tres hijos: Manuel, Carlos y Salud Méndez León. Sus hijos reciben educación en la escuela privada de Don Claudio León Espinosa en un principio, más adelante pasan a las escuelas de los Salesianos de Utrera. Manuel llega a ser un gran médico, Carlos un famoso químico y Salud contrajo matrimonio con José Luis León, farmacéutico de nuestro pueblo. Como todos sus descendientes estaban bien situados, ninguno quería seguir con el negocio familiar. Y ahora sí, entra en esta historia el eslabón que hizo posible la continuidad de Confitería Riaño. Se trata de Carlos Riaño Méndez.

Carlos Riaño Méndez era hijo de Manuel Riaño Pérez y de Carlota Méndez Sánchez. Tenía tres hermanas: Salud, Virtudes y Manuela. Sus padres tenían un negocio de ultramarinos en la actual Plaza de Claudio León, que el vulgo conoce como la plaza del Cerezo porque allí vivían y aún siguen viviendo la familia Cerezo, concretamente en la casa número uno está situado el negocio familiar y donde él trabajaba. Un día su tío José Méndez le ofrece que se fuera a trabajar con él y cuando llegase el tiempo de su jubilación le pasaría el negocio familiar. Así ocurrió, Carlos es la tercera generación, se casó con Rosario Muñoz Santos y estableció en negocio en su casa en la calle Rosario número 43.

Ahora es tiempo de hablar de Confitería Riaño, sus exquisitos dulces, sus historias y su futuro. Quien de nuestro pueblo no ha saboreado sus suspiros, coquitos, tortas de aceite y manteca, el alfajor, las yemas, los tostaditos, las duquesas y sobre todo el pechugón. En cada etapa del año se adaptan a los eventos, así en Semana Santa aparecen los pestiños, el piñonate y las torrijas; en Septiembre se inunda el Viso de tartas de bizcocho borrachas; en Navidad aparecen las tortitas de aceite y manteca, los mantecado y el alfajor, y en toda época del año los dulces tradicionales, inigualables como las yemas, los suspiros, los tostaditos, las trencitas, los rositas de hojas, las duquesas y el pechugón, sin olvidar las tartas de cumpleaños, primeras comuniones y aniversarios.

Recuerdo cuando niño entrar en la confitería y ver un bote grande de cristal lleno de caramelos de malvavisco. Hoy no se fabrican me dice Manolita, que su coste es muy elevado y no se puede competir con los caramelos industrializados. Yo lo recuerdo como una exquisitez. También recuerdo ya de joven entrar en la confitería con el tercio de amigos y comer unos borrachitos pequeños, que se comían de un solo bocado. Eran unos cuadraditos de bizcocho que estaban pinchados con un palillo de mondadientes. Al terminar de saborear tan exquisito manjar, Rosario, la mujer de Carlos, contaba los palillos y entre todos hacíamos el pago. Quiero recordar que siempre nos atendía Rosario, ya que su marido Carlos tenía un genio muy especial, hoy tampoco se fabrican estos pequeños borrachitos.

En el reinado de Alfonso XIII era alcalde de nuestro pueblo Federico Jiménez Jiménez, aficionado a la caza y amigo de cacería de Alfonso XIII, quien le otorgó el título de Caballero descubierto ante el Rey. Cuando el monarca venía de cacería a Andalucía, siempre lo invitaba y le recordaba que no se le olvidaran los pechugones de Riaño. A él y a sus invitados les encantaban, me dice Rosarito que la familia de Don Federico conserva una carta que lo atestigua. Los dulces de Riaño han viajado por toda la geografía de España y los emigrantes lo dieron a conocer en Europa y países de Latinoamérica.

En 1967 Carlos Riaño Méndez fallece y le sigue en el negocio su hija Manolita, siendo ésta la cuarta generación junto con sus hermanos Carlos y Rosarito. En 1975 se traslada el despacho a la casa contigua en el número 41 donde hoy está ubicada. La quinta generación a la muerte de su madre le correspondió a Manolita García Riaño, quien también recibía apoyos de sus tíos Carlos y Rosarito. Manolita estaba casada con Tomás Ponce Moreno y enviudó muy joven. Tuvo dos hijas: Rosa María y Pilar Ponce García, que forman ya la sexta generación, contando con la ayuda de Gonzalo Galocha, esposo de Rosa y de su tío José Manuel. También colaboran, aunque todos están estudiando, los posibles miembros de la séptima generación, hijos de Pilar y Rosa: Ángela, María Reyes, Pilar y Tomás.

Las pasadas navidades un equipo de Canal Sur visitó la fábrica. Pilar y Rosa le iban comentando la elaboración de los dulces, sus anécdotas, pero el periodista le preguntó por qué el dulce con más nombre se llamaba pechugón. Dijeron que no lo sabían, que así se llamaba desde siempre. Le di vueltas y tengo una hipótesis que pudiera ser la solución al nombre de este exquisito manjar. De siempre en lo más antiguo de nuestra historia los pollos y las gallinas tenían un valor incalculable y por ello transcribo algunas anécdotas y curiosidades sobre el tema.

1º.- En el siglo XVII, cada cabeza de familia tenía que pagarle al Señor de la Villa, Conde del Castellar, un impuesto que consistía anualmente de dos reales y dos gallinas. Tras un pleito famoso conocido como el pleito de las gallinas, el pueblo de El Viso consiguió a cambio de unas tierras comunes que el impuesto se redujera a solo una gallina.
2º.- De siempre fue muy habitual hacer a la recién paridas como regalo principal una gallina, para obtener un buen caldo y así poder sacar adelante a la recién nacida criatura.
3º.- Cuando un matrimonio tenía una hija, se felicitaba al padre y se le decía “Si eres padre de una niña, comerás pollo”, eso quería decir el padre estaría antes que el suegro.
4º.- En la fiesta de San Sebastián, los mozos de El Viso y Mairena se disputaban la Piedra del Águila (piedra del gallo) para poder comerse encima de ella el gallo, de ahí su nombre.
Y 5º.- La gallina, el pollo y los huevos hasta hace pocos años fue moneda de cambio, así negociaban labradores, recoveros y recoveras.

Por tanto saco la siguiente conclusión. Lo mejor del pollo es la pechuga, lo mejor de Confitería Riaño ‘El Pechugón’, y la mejor recomendación, si quieres quedar bien cuando te inviten a cenar: lleva Pechugones.

José María López.