Carlos Méndez León

Carlos Méndez.

Hablar de Carlos Méndez León necesita no un artículo, sino muchos, por tanto le voy a dedicar este articulo a uno de sus inventos. Carlos empezó a estudiar de la mano de Don Claudio León Espinosa en nuestro pueblo y luego pasó al Colegio de Salesianos de Utrera, para terminar en la universidad, donde salió matemático y químico. Pero ante todo fue inventor. Hace unos años llegó a mis manos un pequeño libro escrito por nuestro paisano y editado en Bilbao en 1934, depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid el mismo año, cuando ejercía como Profesor de Matemáticas en Baracaldo (Vizcaya). Transcribo literalmente el inicio del mismo:

“La lectura de revistas extranjeras, que tanto me obliga a hacer constante uso de los diccionarios, estimuló mi empeño por construir un aparato que, marcándole la palabra a consultar, él me buscase rápidamente la página en donde apareciera traducida; y avanzando más en deseo, me planteé el problema con mayor complejidad, conseguir una máquina que escribiendo en su teclado la palabra en idioma conocido, ella nos la escribiera en otro o varios desconocidos. Desde el primer momento presentí la posibilidad de solución, pero la feliz idea que me hizo comprender esa posibilidad de solución, no surge en mí hasta el 12 de abril de 1923, fecha en la que trazo dibujos que sintetizan el principio: supuesto un circuito eléctrico interceptado en lugares y número de veces, como lugares y veces representan convencionalmente las letras de una palabra, sólo la inscripción en el teclado de la dicha palabra, puede provocar el cierre del correspondiente circuito, dando efecto a los fenómenos electro-mecánicos que determinen y realicen la traducción de aquélla.

Pero, aunque encontrada la solución, no apreciaba valor práctico a lo que pudiera construirse, por falta de rapidez en los sistemas estudiados; cifraba pues mis esperanzas, en el perfeccionamiento de la fotocélula, cosa que conocí realizada en 1926 por la Casa Telefunken, cuya fotocélula poseía unas características que daban plena satisfacción a las exigencias de los mecanismos que me preocupaban. Y ante esta realidad, estudié él modo de utilizar dicho elemento sensible a la luz en mi máquina traductora, tema desarrollado en la Memoria que presenté el 31 de octubre de 1927 en la entonces Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales”.

Esta máquina de escribir traductora fue patentada en España con el número 134.609. Tenemos que tener en cuentas que en el año 1934 se registró la primera patente de un transistor en Alemania y en 1947 otra en Estados Unidos de América. El Diodo, otro gran descubrimiento, se empezó a perfeccionar desde 1953 a 1961 y del ordenador más primario se inició en 1946 desarrollándose a partir de los años 80 del siglo pasado. Si nuestro paisano hubiese tenido a su alcance estos inventos, no sabemos dónde podía haber llegado. Carlos presenta en 1927 su proyecto al concurso de premios de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, pero no tuvo respuesta como él creía. Vuelvo a copiar literalmente lo que escribió:

“Pasó un año y pasó otro. Y yo en esas fechas, me figuraba ocupado en el toque de los últimos detalles del aparato proyectado, y construido bajo la patrocinación de la Academia ¡Oh, imaginación, que mucho hace vivir soñando a placer, pero eres cruel y traidora, porque luego nos permite ver, el tiempo y los Impulsos perdidos!

Durante los años 1928 y 1929 hice algunas gestiones cerca de la Secretaría de la Academia, sin conseguir noticias. Pero aún duraría más la espera; transcurre otro año y ya en octubre de 1930 me dirijo por carta al señor Presidente, recibiendo el inserto B.L.M. del señor Vicesecretario, por el cual se confirma que la Academia dictaminó, después de !tres años¡de haber sido elevada a su seno la referida Memoria. Obligado pues, a ser individualista, en el país que dicen que espontáneamente lo somos, aquí lector, te ofrezco, un efecto exclusivamente mío, procurando mostrárselo con una ligera descripción, para que sin esfuerzo comprendas la utilidad de los mecanismos resueltos, y sepas que también en España y de hace tiempo, se pensó y resolvió lo que aún se intenta en países más mecanizados. ¡Ojalá sea también en nuestrapatria, donde se puedan construir en series, para atraer vida y prestigio para la industria!”

En nuestro pueblo se vivía con interés todas estas cosas, especialmente en su entorno familiar y cultural. Para mejor reflejar esta situación, ahora copio literalmente una noticia en el periódico El Correo de Andalucía, de 14 de junio de 1924 que envió el corresponsal de turno en nuestra localidad.

“UN INVENTO. Por correo recibo un folleto que, en su primera página, con letra manuscrita de “a Don F. de T. con el más afectuoso recuerdo. – C. Méndez – Rubricado”. En la portada aparece, en fotograbado, la vera efigie de nuestro querido amigo Carlos Méndez León, sentado ante una máquina. El folleto lleva por título “MAQUINA DE ESCRIBIR TRADUCTORA, MÉDICO AUTÓMATA”. El opúsculo contiene cinco capítulos titulados: Algo de historia, Memoria mecánica, Máquinas de escribir Traductora, Médico autómata e Índices de Biblioteca y Ficheros de consulta ultrarrápida. Como verá el lector, por lo expuesto se trata de un invento utilísimo de nuestro amigo quien hace tiempo venía trabajando en él. Los amigos suponíamos que se trataba d una “chifladura”, pero ahora comprendo que los “chiflados” éramos nosotros. Con esta maravillosa máquina podemos escribir en español, y obtener un original en inglés, alemán, italiano o francés. Los señores médicos encuentran en ella un auxiliar poderosísimo para una vez conocidos y observados los síntomas, definir exactamente la enfermedad, procediendo rigurosamente en sentido sintético. A los bibliotecarios no les es menos útil, ya que hasta escribir el título de una obra en el teclado de aparato y él nos mostrará el sitio donde se encuentra la obra en la Biblioteca, expresándonos la asignatura bien en disposición, fácilmente legible, bien en una hoja impresa. Es innegable que se trata de un invento utilísimo y de transcendental importancia, por lo que felicitamos entusiasmadamente a nuestro amigo Méndez León, hoy profesor de Matemáticas en el Colegio Oficial de Baracaldo (Vizcaya)”. 

Tenemos que situarnos hace ya cerca de un siglo, en un acontecimiento que pudo haber cambiado el rumbo, no de nuestro pueblo sino de España, pero los tiempos eran difíciles. España había perdido todas sus colonias, la política no apostaba por la revolución industrial, tal vez como decía Miguel de Unamuno “que inventen ellos”, y este hombre para mí una las mentes más lúcidas de nuestro pueblo, tuvo que salir de nuestras fronteras para trabajar, aunque una vez terminada la Guerra Civil volviese. Podía contar como dije al principio muchas más cosas, pero me las reservo para más adelante.

José María López Moreno.