Antonio Franco Campillo ‘Niño Levante’

Hace unos meses, cuando iba camino del Huerto Queri para el curso de pintura, al pasar por la tienda que Fernando Franco León tiene en la calle Jiménez Muñoz, me paró Fernando y me dio unas fotos de un hermano de su abuelo que fue a la Guerra de Cuba y no volvió. También me entregó una carta que conserva y que, a pesar de esta muy doblada y rota, se puede transcribir. Cuando se han cumplido 120 años de la pérdida de Cuba quiero dar a conocer a este visueño, Antonio Franco Campillo ‘Niño Levante’ y homenajear a todos aquellos que sufrieron en sus carnes el terror de esa guerra y a los que nunca más volvieron.

En 1885 en la Regencia de María Cristina se rebaja la edad de ingreso en el Ejército a los 19 años. Al estallar la última Guerra de Cuba en 1895 se llama a filas a los excedentes de cupo y se movilizaron reemplazos que ya se habían licenciado. Una mañana el Alguacil Municipal se dirige a la huerta de la familia Levante (hoy del Pino y Vicario) y notifica al recluta Antonio Franco Campillo su incorporación al servicio militar. Su destino Zaragoza. El traslado se hacía en tren, viaje interminable. El tren militar tenía que dar prioridad a los trenes de viajeros y mercancías, trenes de carbón. Por fin el ‘Niño Levante’, apenas cumplidos los 19 años, llega a su destino, seguramente a un regimiento de Infantería. Tenemos constancia de su estancia por la carta que, a pesar de su mal estado y su letra casi imposible de leer, pues Antonio no era analfabeto y sabía expresarse, como podremos ver en esta atrevida traducción:

“Zaragoza, a 31 de enero de 1896.
Sra. Dolores Campillo. Queridos padres no se pueden figurar la alegría que acabo de recibir, que hoy día 31 me han sorteado para Cuba y me he librado con el número 174 y por más cierto ahí lo llevas que pedían 114. Mi primo el “Pipo” ha sacado el 28 …y sube y baja … también libre que de todos los hay … nos hemos librado todos, menos el “Pipo”, pero que él está bastante animado, que dice que es su suerte y quiere seguirla, que le digo que se conforme y no consiente con esto …Que el día 10 embarcaran y los padres ya pueden estar tranquilos … Y no disponer del dinero.

Y también les participo que en este momento que estoy escribiendo recibo las cartas de fecha día 27 y por ello veo que estáis bueno, yo también bueno con una terrible alegría, le den recuerdos a tíos y tías, primos y primas y a toda la familia y a todos los vecinos. Vuestro hijo que lo es (firma de Antonio Franco Campillo).

POSDATA:
Con esto le dan recuerdos a amigos y amigas que se me olvidaba de tan contento que estoy, y para los demás familiares, la de la tienda y abrazos y besos para el Ángel y todos mis hermanos. Adiós Antonio”.

Analizando la carta observo lo siguiente: me sorprende que la carta de sus padres llegó solo en cinco días. Se dirige a su madre, pero constan que vivían los dos; no era el único visueño que estaba allí, pues estaba su primo ‘El Pipo’, y que los demás paisanos se libraron de ir a Cuba. Y sobre todo destaca la alegría de haberse librado de momento.
Pero, ese mismo año de 1896 embarca posiblemente en el puerto de Bilbao rumbo a Cuba. Recién llegado a Cuba mandó a sus padres una fotografía, un pañuelo con un motivo del descubrimiento y un billete recién emitido por el Banco Español de Cuba.

En plena Guerra, el gobierno de Estados Unidos negocia en varias ocasiones la compra de la Isla, pero España no la pone en venta. Estados Unidos de América no quiere ninguna ocupación extranjera en el área que ellos estiman de su competencia. Estados Unidos decide no intervenir en la Guerra y declara su neutralidad pero a finales de 1897 reclamó que la guerra afectaba a sus intereses y exigió a España reformas para lograr la paz. El Gobierno de España otorgó una amplia autonomía, equiparable a la del Canadá británico, inició una serie de reformas políticas y declaró un armisticio. Se formó un gobierno autonómico y se eligió un nuevo Parlamento insular bicameral, en unos comicios ganados por el autonomismo moderado. Sin embargo, los rebeldes cubanos declararon que ya era demasiado tarde para un arreglo pacífico y aseguraron que no detendrían hasta logar la independencia.

Estados Unidos acuerda con España el uso de puertos tanto de Estados Unidos como de Cuba para ambos atracar y abastecerse de combustible y mercancías. Con ese acuerdo ocurre un incidente que aún hoy día se desconocen sus causas, lo cierto es que el acorazado norteamericano Maine sufrió una voladura que achacaron al ejército español y aprovecharon para ingresar en la contienda, declarándole la Guerra a España. La Guerra se trasladó desde tierra al mar. Las flotas realistas no pudieron responder a los modernos acorazados norteamericanos. La toma de Santiago de Cuba y la superioridad de las tropas estadunidense apoyadas en todo momento por las fuerzas rebeldes obligaron a los españoles rendirse en 1898. El Suceso abrió paso a la ocupación norteamericana de Cuba hasta 1902.

En una de las batallas en alta mar nuestro paisano Antonio Franco Campillo falleció y su cuerpo no fue nunca rescatado, tal era el desastre de los vencidos. Por el tratado de París, España renunciaba a su soberanía sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas, lo que realmente significó dejar el campo expedito a su intervención y ocupación por los Estados Unidos. El 24 de febrero de 1899, justo cuatro años después del inicio de la guerra, hacía su entrada triunfal en la Habana el líder de los rebeldes cubanos, Generalísimo Gómez al frente de su ejército.

Los desastres de la Guerra fueron los siguientes: rebeldes cubanos, de 50.000 guerrilleros fallecieron 9.000 (3.000 muertos por enfermedades). Impero español, de 270.000 soldados fallecieron 44.300 (41.000 por enfermedades). Estados Unidos, de 17.000 soldados fallecieron 5.000 (2.000 por enfermedades). Los que fueron repatriados contaron muchas cosas, muchas historias, y pasaron muchas miserias. Los que no volvieron, como es el caso de ‘El Niño Levante’, que murió en acto de servicio, no pudieron contar nada.
Por todo ello a los 120 años de la pérdida del resto del Imperio Español, mi más profundo reconocimiento y admiración, por los que no volvieron y por los que volvieron. El 9 de marzo de 2.001 se suprimió el servicio militar obligatorio.

José María López