Milagros Capitán Morales ‘Mairenita’

Hace unos días, buscando entre mis papeles, me encuentro unas poesías escritas a mano. Me llaman la atención y empiezo a leer una de ellas. Se titula “Recuerdos de unos molinos”. Empiezo a leer y me encuentro con la sorpresa de la calidad de su tercer verso “Por eso viejo molino nadie quiere estar contigo, bajan y tú molino sonríe bajo tus barbas de plata“. Se refiere a los molinos de Alcaudete. Sigo leyendo y al final veo que lo firma una mujer: Milagros Capitán Morales. Leí otras y me dije, tengo que rescatar de la memoria a esta mujer, se lo merece.

Me pongo en contacto con su hija Concha y le parece muy bien. Quedé con ella una tarde para echar un rato y que me contara cosas de su madre. Así que una tarde me recibe en el porche de su casa y nos sentamos en él. La tarde era calurosa, pero allí sentados y hablando se nos hizo corta. Según me contó, ese mote familiar, ‘Mairenita’, fue heredado de su padre. Por entonces y me refiero a principios del siglo XX, paseaba por nuestro pueblo un vecino de Mairena, personaje al que le faltaba, como decimos por aquí, un puntito… iba muy desaliñado, boina torcida, pantalones caídos y camisa medio fuera medio dentro. Su padre era también muy desaliñado y su mujer siempre le reñía y le decía: “Te pareces al ‘Mairenita'”, y así se le quedó el mote que heredaron sus descendientes.

Nace Milagros en nuestro pueblo allá por el año 1932, hija de José Capitán y de Francisca Morales. Se casó muy joven con Domingo Calvo Santos, de profesión albañil, y tuvo dos hijas, que le pusieron por nombre María Dolores y Concha. Su labor era en un principio madre de familia, pero en los años de la posguerra, donde no abundaba el trabajo y lo que había era miseria, tuvo como otras muchas mujeres visueñas que recurrir a la recova, sí “Recovera”, con dos canastos, uno en cada brazo. Tenía que trabajar, trabajar mucho, por la tarde a proveerse de mercancías, haciendo colas en la plaza de abastos para adquirir la carne y comprar a los recoveros los huevos que traían del campo. Por la mañana muy temprano a coger el autobús de los ‘Ciprianos’ y llegar a Sevilla, para abastecer a su clientela.

Me cuenta Concha una historia que siempre recordaba su madre con mucha pena. Como la policía paraba los autobuses de El Viso y requisaba la carne, ella se hacía acompañar de una de sus hijas, en este caso María Dolores. Cuando llegaban a Alcalá su hija se bajaba con la carne y cogía el autobús de Alcalá a Sevilla. Ese autobús no era requisado. Siempre recordó con angustias el haber usado a su hija para este menester. Otra de las actividades era montar belenes (nacimientos) en su casa, siempre añoraba tener un belén, pero la situación económica no se lo permitía, no pudo hacerse con su primer belén hasta que un día se puso a pensar e ideó una estrategia. Resulta que le unían lazos de amistad con Salvador Roldán ‘Galani’, pues era tío de uno de sus yernos y que él tenía un belén que no montaba. Su hija Concha me lo cuenta con una elocuencia muy dulce. Resulta que visitaba con mucha frecuencia su casa, en especial cuando hacía visitas al hijo de su sobrino. Milagros planeó lo siguiente: le dijo a su nieto que cuando llegara su tío Salvador se pusiera a llorar, Salvador era una persona muy cariñosa y buena gente, así que llegó el día y cuando vino el tito a casa, el niño empezó a llorar. Salvador le preguntó porqué lloras y el niño le respondió porque quiero tener un nacimiento y mi abuela no me lo puede comprar. Salvador sin dudarlo fue a su casa y se lo regaló. Milagros siempre tuvo ese punto de clarividencia.

Montaba belenes preciosos. Ella formaba las montañas con carboncilla del tren, hacía casitas de papel, arboles con alambre y papel de colores e incluso con barro fabricaba animalitos. Poco a poco fue haciéndose un belén precioso. Un día compro una cochera que existía al lado de su casa y allí instalaba nacimientos a los que iba a visitar todo el pueblo. Recuerdo que en una ocasión yo fui a visitarlo. Milagros aquel año instaló una hucha a beneficio de AVAIM, ella siempre pensaba cosas que a otros belenistas no se les hubiese ocurrido. Consiguió varios premios de los concursos de belenes que organizaba el Ayuntamiento, así me lo acredita su hija Concha con fotos de entregas de dichos premios que conserva. Otra de sus pasiones fueron las flores, sus balcones y patios eran la envidia de la vecindad, sus balcones de claveles eran una maravilla. También me enseña Concha fotos de ella regando sus macetas en el balcón.

Milagros fue siempre una mujer soñadora, me dice su hija que era analfabeta, que aprendió a escribir usando carboncillo del cisco para la copa. Así empezó a escribir poesías. Ella componía poesías, aunque yo diría mejor una romancera, pues ella cantaba romances, y más aún creo que realmente era una trovadora, ella improvisaba y cantaba trovos, (composiciones de carácter popular).  Yo conservo cuatro poesías, una de sus nietas conserva muchas más que me gustaría que viesen algún día la luz. Improvisaba todo lo que veía o escuchaba, con una rapidez tremenda, además con una soltura y de una forma inesperada.

Voy a transcribir dos poesías de Milagros, que son historia. Reflejan su época con mucha realidad y en ellas se encuentran cosas y hechos que muchos jóvenes no conocen, merece la pena dedicarle un poco de tiempo a leerlas, la primera es sobre los molinos de Alcaudete y la segunda está dedicada a la mujer trabajadora.

RECUERDOS DE UNOS MOLINOS
¡Ay molino¡¡Ay molino ¡
De las aguas de Alcaudete
Nadie baja a estar contigo
Nadie quiere bajar a verte.

Tus lindos caños
De aguas indiferentes y cobardes
No quieren ver en tu espejo
Tus cañerías destrozadas.

Por eso viejo molino
Nadie quiere estar contigo
Baja y tú molino sonríe
Bajo sus barbas de plata.

Quien pudiera como tu
A la vez quieta y en marcha
Cantar siempre el mismo verso
Pero con tus ricas aguas.

Los antiguos labradores
Pasaron por los molinos
Mucha fatiga y calor
Cuando iban con su trigo.

Que ese fue el pan de otros tiempos
Ese fue el pan de sus hijos
Que hoy van de romería
Dios bendiga los molinos.
¡ay molino ¡¡ay molino ¡
Nadie te hace compañía
Solo los enamorados
Que se besan tras las zarzas
Y siembran en tu murmullo
Palabras de amor, palabras.

El día de la patrona
Sí que te hacemos compañía
Con carrozas y caballos
Niñas ataviadas
El tambor del Simpecado
Qué bonita caravana.

A LA MUJER RECOVERA
Idea maravillosa,
Lo que han pensado hacer;
Aunque son muy merecidos
Que hagan monumentos a escritores y poetas,
Ya es razón que también lo hagan
A la mujer recovera.

Heroína de la noche,
Robando horas al día,
Preparando su canasto, para vender en Sevilla:
Huevos, pringá y garbanzos
Qué vida más trabajada,
Nunca tuvieron horario,
Para reposar en su cama.
Casi todas eran analfabetas,
Y a la hora de apuntar,
Un redondel era un duro
Y una raya una peseta.
Y volvían de Sevilla,
A veces desconsoladas,
Porque lo que habían vendido,
La mitad se lo apuntaban.
A veces salían corriendo,
Huyendo de la policía,
Y hasta la metían presas,
Acusadas de contrabando.
Y de pensión les ha quedado
Una grave enfermedad,
Todas tiene desviadas
Su columna vertebral.
Se merecen el monumento,
Con ramito de azucena,
Toda Mujer Recovera.

Así escribía Milagros, hasta el final de sus días, pero ocurrió que tuvo un accidente y se estropeó un brazo. La tuvieron que intervenir, volvió a su casa, pero a los pocos días empezó a sentir ahogos, cada vez más frecuentes y volvió a ingresar. Le diagnosticaron pulmonía, pero en verdad fue un virus de hospital. El día 13 de octubre del año 2006 nos dejó para siempre, pero nos dejó sus trovos.

José María López Moreno