‘Los Cuevas’: Antonio León Jiménez, un visueño emprendedor

Antonio León Jiménez nace en nuestro pueblo el día seis de julio de 1944. Hijo de José León García y de Josefa Jiménez Jiménez, fue el mayor de nueve hermanos de una familia humilde y con pocos recursos. A la edad de ocho años empezó a trabajar como barrero, alternando dicho trabajo con el de hortelano. Yo me pregunto, ¿qué puede hacer un niño de ocho años, mal alimentado, viviendo en una casa sin recursos y pasando frío? Por un plato de comida en la barrería acarreaba agua con un cubo, colocaba ladrillos y amasaba el barro, y en la huerta donde nunca se terminan las faenas lo mismo pastoreaba el ganado, quitaba yerbas, amarraba lechugas, cogía hortalizas, frutas o con la zoleta en la mano encauzaba el agua para regar.

No pudo ir a colegio y si fue, iría pocos días en cada curso, así que para aprender al menos a leer y saber las cuatro cuentas tuvo un profesor particular, un tal Don Ramón que iba por el campo enseñando a niños y a mayores que tenían que hacer el servicio militar. Así empezó la reunión que un día azul de este otoño hicimos en su casa de la calle Juan XXIII con María del Carmen ‘La Espartera’, su viuda y su hijo José Manuel, primogénito. A lo largo de la mañana fueron apareciendo los demás hijos, Yolanda y los mellizos Joaquín y María del Carmen. Alrededor de la mesa me contaron muchas cosas de sus padres, anécdotas y vivencias. Me alegré mucho de ver una familia tan unida y todos hablaban maravillas de sus padres.

Con diecisiete años conoce a la que sería su mujer, una joven criada en el barrio del ‘Sequero’. Se trata de María del Carmen ‘La Espartera’. Para conocer esta unión, copio literalmente una parte de lo que su hija María del Carmen escribió y dio lectura en la sede del PP al ser reconocida y homenajeada su madre como mujer trabajadora. “……Conoció a mi padre (Antonio) con catorce años y ya nunca más se separó de él. Se casaron en el año 1966 y desde entonces trabajaron juntos. Montaron muchos negocios, pasaron rachas buenas y malas hasta que mi padre le propuso probar en la capital. Así que en el año 1985 abrieron “Los Cuevas”. Al principio fue duro hacerse un hueco en la ciudad, pero con el trabajo, el esfuerzo y la constancia llegó el éxito. Todos los días iban desde El Viso a Sevilla cargados con la mejores verduras, carnes y pan de nuestro pueblo para cocinarlos con mucho amor y con las recetas de nuestro pueblo aprendidas de mis abuelas, que anda que no cocinaba bien mi abuela Josefa. En tu cocina que mira que era pequeña, ¡vaya si salían platos de allí ¡Todo el mundo en Sevilla hablaba de los guisos de Carmen que hasta hacían colas para poder comer…

Vuelvo a su interesante historia. Con 15 años trabajaba de pocero con un familiar suyo, José, de la calle Jiménez Muñoz, y a los 17 entra a formar parte del mundo de la restauración, trabaja como dependiente y camarero en el Bar Fino (cuando estaba en la calle Rosario) y en el Bar Los Vázquez. En 1966, después de casarse y tener su primer hijo, le toca hacer el servicio militar como artillero en el Parque Maestranza de Artillería de Sevilla. Se ofrece voluntario para llevar la cantina y es allí donde Antonio empieza a mostrar su visueñismo, trabajar sí, pero no hacer el tonto, de un litro de leche sacaba cuatro, de una botella de vino sacaba dos, con los bocadillos en vez de llevar seis lonchas de fiambre solo llevaba cuatro y así con todo lo que pudiera sacar para llevar a su familia adelante. Además me cuenta su hijo José Manuel que por esos años consiguió un solar del Barrio del Calvario (del olivar de la Iglesia) y también le dio la cantina para levantar su casa.

En 1967 se licencia de la mili y empieza a probar fortuna montando su propio negocio, gracias a los consejos y a la ayuda que recibió de Juan Roldán Fernández ‘Rubio de la cerveza’ (representante de la Cruz Campo) y monta una cervecería en la calle la Feria, en la salida trasera de la casa que actualmente, aunque cerrada, está la Cafetería ‘Boni’. Por aquellas fechas existía un local de billares y futbolines. El local era muy estrecho, largo, el suelo terrizo y las paredes sin enfoscar y a este sitio el pueblo empezó a llamarle ‘La cueva’, mote que adquirió él y su familia y que llevó a su restaurante en Sevilla: ‘Los Cuevas’. Era un local solo de cerveza y vino y las únicas tapas eran trozos de ensalada con vinagre y sal y tomates aliñados.

En 1970 cambia el negocio de sitio, en la misma calle en un local de Cesáreo de los Santos, en dicho local existió un bar denominado ‘El Peñón’, que regentaba Fernandito ‘El Inglés’, y allí se traslada el segundo Bar ‘Cuevas’. En este local se servían como tapas o raciones el jamon, chacinas y quesos todo de primera calidad. Pasan diez años y la familia crecía, el negocio, aunque estable de clientela, no avanzaba y deciden él y su mujer tomar el Bar de la urbanización La Cierva. Allí empieza María del Carmen a cocinar para el bar y para llevar y estuvieron cinco años. Los niños empiezan a ser mayores y vuelven a cambiar de sitio, esta vez se trasladan a Sevilla a un local situado en la calle Paraíso esquina con la calle Virgen de las Huertas, estamos en el año 1985, allí con mucho trabajo, constancia y calidad empiezan a tener éxito, compran el antiguo Bar Áncora y lo unen al local, empiezan a coger fama y allí la gente tenía que hacer cola para saborear las comidas andaluzas caseras.

Me refieren sus hijos que siempre han utilizado los productos de El Viso, las verduras, las hortalizas, las carnes y el pan, con ello elaboraban los platos más exquisitos; espárragos con huevos cuajados, cocido visueño con pimentón de la Vera, tagarninas, garbanzos de nuestra vega, todo ello con la pringá correspondiente, potajes con chorizo fresco, berenjenas fritas, habitas de nuestras huertas con jamón y huevos, costillas fritas, manitas de cerdo, pollo frito, sesada a la plancha y rebosada y una variedad de carnes de terneras, que es lo único que no es de El Viso; también como no el famoso menudo, que es lo único que le cocina otro proveedor, Casa Capote.  En una ocasión me ocurrió una anécdota muy curiosa. Paseaba yo por la calle Pagés del Corro camino de Los Remedios cuando se me acercaron unos turistas y me preguntaron dónde estaba el Restaurante Los Cuevas, en esta calle hay una plaza llamada de la Virgen Milagrosa y en el centro de dicha plaza una estatua a Rodrigo de Triana. Yo les dije ¿conocéis al personaje de la plaza? y me dijeron que sí. Volví a decirles y ¿que quiere decir con la mano? y me dijeron  “tierra a la vista” y yo les dijo no… está indicado donde está el Restaurante ‘Los Cuevas’, por tanto seguir la dirección que señala Rodrigo.

Dentro de Restaurante, que para mí más bien parece la embajada de El Viso en Sevilla, no puede faltar una foto a tamaño grande de nuestra patrona Santa María del Alcor y tres oleos bien pintados que representan una huerta de El Viso, otro de hortalizas frescas de El Viso y otro de Antonio y María del Carmen, los esposos fundadores del negocio. Me comentan que un amigo de la familia, Rafael Pineda Roldán, ha realizado un busto en barro en el curso de modelado en barro que realizada la delegación de Cultura de nuestro Ayuntamiento y que colocarán en el local en un sitio privilegiado.

Pero llega un 3 de diciembre de 2015 y a Antonio le falla lo que más grande tenía: el corazón, y abandona este mundo dejando a sus hijos al frente del negocio. Y no es ya la segunda generación, también trabaja en el negocio un nieto que formara parte de la tercera generación de los Cuevas. Sus herederos han ampliado el negocio adquiriendo el local colindante, y hoy día el Restaurante ‘Los Cuevas’ tiene dos locales, pero servidos por la misma cocina. En él trabajan trece personas, los hijos han convertido este negocio en una fuente de trabajo para toda la familia, es conocido en España y también en el extranjero, especialmente por nuestros vecinos los franceses, pues aparecen en revistas internacionales.

Me cuentas sus hijos que es increíble, pero a los extranjeros especialmente les encanta el cocido y en un plato más pequeño les ponen la pringá, y hasta se chupan los dedos.
Muere Antonio a los 71 años de edad, hombre desde su niñez, hasta después de jubilado trabajando, pero eso sí, también le gustaba pasarlo bien con el baile, el flamenco y las juergas, de todo requiere esta vida para disfrute, no solo de pan vive el hombre.
Con todo esto quiero resaltar, aunque solo han pasado pocos años, la figura de un visueño emprendedor, trabajador incansable y dejar constancia por escrito para el futuro de sus andanzas.

José María López